Un escultura mentirosa
Floridablanca, marzo 22 del 2011
Señor
Alcalde Municipal
Floridablanca
Ciudad
Apelo al derecho de petición consagrado en la Constitución Nacional para solicitarle información sobre la bofetada a la verdad histórica de Santander que hay en el parque principal de esa municipalidad. Demando el cumplimiento del artículo 8 de la Constitución Política de Colombia: “Es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la nación”.
Desde la escuela pública supe que nuestros antepasados, los indios guane, eran gente de color blanco, buena compostura física y belleza sin igual en sus mujeres. De la misma forma que se trata de un pueblo sedentario dedicado a la agricultura, tejidos, alfarería, caza, pulcros en el aseo personal y el de su morada y que nunca anduvieron empelotas o con guayuco como sucedía con otras tribus. El vestido les cubría todo su cuerpo, desde la cabeza donde llevaban un gorro a los pies o tejido y entre las mujeres había dos tipos de trajes que diferenciaban las solteras de las casadas. Nunca fueron guerreros de profesión, pero salían a ofrendar la vida si era necesario cuando se trataba de defender la heredad. “No fueron pendencieros”.
Carmen Rosa Pinilla Díaz del Centro de Historia de Zapatoca escribió en su obra, El pueblo de los Guane: “…Los Guanes tuvieron que sufrir muchas veces las acometidas de sus colindantes, los terribles YARIGIUES, que se distinguían por su gran belicosidad. Aún después de la conquista, el encomendero de Sancoteo, región actual el Socorro, tuvo que llevar a sus indios encomendados para que residieran en Moncora por temor a que los Yariguies acabaran con ellos”. Esta afirmación prueba que la ferocidad que demuestra el hombre del monumento del parque principal de Floridablanca, frente a la alcaldía, nada tiene que ver con el carácter de esta tribu indígena. Pudo haber existido un cacique pendenciero, pero fue una excepción no la patrón. “Mientras otras familias primitivas sólo usaban el guayuco o únicamente un tapa sexo, los Guanes y los Chibchas se vestían con mantas de hilo… los conquistadores y sus soldados hallaron al llegar a los umbrales de Guane a multitud de indios vestidos con telas de algodón y que en el aseo de los trajes daban muestras de costumbres más honestas que las que habían experimentado en el resto de los pueblos…” Afirmo sin temor a un yerro, que la alcaldía de Floriblanca está enseñando mal la historia de la región, al poner como muestra de uno de nuestros antepasados, una fiera humana, que más se asimila a las tribus norteamericanas de las películas actuales que derrochan sangre y muerte o a los Yariguies que siempre persiguieron nuestro pueblo guane, pero nunca a éstos, ni en lo más mínimo. Al escultor y al alcalde que compró o aceptó ese esperpento, les faltó haber leído primero cualquier libro sobre los Guane y cayeron en el pozo del sensacionalismo y la violencia. Parece que la estatua es una copia de otra que hay en San Gil y que es exactamente igual. “…la guerra no alcanzó a tener mayor importancia en las comunidades locales pues nunca sirvió de vehículo para lograr mayor integración o para acciones expansionistas”, escribieron los estudiosos de nuestro s ancestros, Rodríguez Plata y Acevedo Díaz. “Los Guane no conocían el hierro…”, por lo que nunca pudieron haber tenido hachas de este material. De los indígenas Guane conocemos sus adornos, una nariguera mezcla de cobre y de oro; y un pectoral que lo llevaba la mujer en el pecho, además, tenemos unas agujas de madera que utilizaban para tejer mantas...”, precisa el historiador e investigador, Isaías Ardila Díaz. “Los Guanes manufacturaron gorros y mochilas en algodón y fique para su vestido…” explica el Roberto Lleras en su trabajo sobre los Guanes.

“Llevaban, tanto hombres, como mujeres, una manta ceñida a la cintura y otra que pendía del hombro izquierdo, donde la unían con un nudo; y los caciques y los principales de la tribu y sus mujeres unían el manto con alfileres de oro y lo llevaban largo hasta los tobillos… Cubrían sus cabezas con casquetes hechos de piel de animales o gorros tejidos…”. En otras palabras, es más fácil que el alcalde de Floridablanca llegue todos los días a su despacho con guayuco, que un guane saliera con esa prenda a la vista pública. Eran muy respetuosos de sus intimidades. “En cuanto al cabello, hombres y mujeres los llevaban largos: los varones hasta los hombros y partido en dos en carrera por la mitad de la cabeza; las mujeres lo tenían suelto y una de sus mayores gracias era tenerlo muy largo…El calzado fue totalmente desconocido entre nuestros indígenas, caminando siempre descalzos… después de la conquista se generalizó el uso de la alpargata, llegando a crear la industria del calzado con suela cosida de fique y capellada tejida en algodón…Sus adornos consistían en narigueras de piedra muy finamente labrada y para los grandes de la tribu, labradas en oro; orejeras vegetales o de fino metal, collares y brazaletes hechos de huesos muy bien pulimentados y debidamente perforados. Otro de sus adornos eran los cinturones, con los cuales sostenían la manta que llevaban como túnica, muy sencillos para el común de los Guanes, pero para los principales de la tribu eran tejidos con diferentes colores…” Nunca usaron plumas en sus cabezas como adorno, llevan gorros de determinado modelo que los caracterizaban. De modo que, “es un grave error imaginarnos a los Guanes desnudos o cubiertos con pobres guayucos…” afirma la historiadora santandereana. Sobre su actividad comercial, “Intercambiaban preciosos vestidos de algodón de varios colores por sal, con los pueblos vecinos... comerciaban telas de algodón, que van tejidas con hilos variados de colores; con una se rodean la cintura, y otra que de los hombros va pendiente al izquierdo trabada con un ñudo dado con los extremos de la manta...” Es ridículo enseñarle a los florideños que los más destacados fabricantes de telas y vestidos, de toda nuestra historia santandereana, fueran por ahí empelotas.
Hay más de una veintena de excelentes libros sobre los Guanes, base genérica de los santandereanos junto con los españoles, que niegan al unísono y rotundamente el mensaje de la estatua de Floridablanca. Ese indígena con actitud de fiera enloquecida con un hacha de hierro en la mano, dispuesto a asesinar a quien se le atraviese en su camino, obstaculiza monstruosamente la verdadera riqueza cultural guane y distorsiona a nuestros antepasados. Me niego a que esa estatua, posiblemente de un indio Siux, con su gesto violento y ansias de volarle la cabeza a quien se le atraviese, siga en el parque de Floridablanca engañando a propios y visitantes sobre nuestros ancestros. Alejandro Navas, investigador histórico escribe: “Pensamos que en el departamento de Santander, e incluso en el país, se hace necesario un redimensionamiento del asunto indígena… la Fundación el Libro Total en asocio con el Instituto Municipal de Cultura y Turismo, hemos tomado la iniciativa de fundar y liderar los Foros de Patrimonio Indígena de Santander”. ¡ Excelente!....
Atente
Alirio Gómez M
